En tiempos de incertidumbre económica, cuando el panorama financiero se torna más turbio que un delineador waterproof en una película lacrimógena, surge un fenómeno curioso: el ‘efecto pintalabios’ (‘the lipstick effect’, como dicen por ahí) o el no menos llamativo ‘blush blindness’.
Esta teoría sugiere que, ante la adversidad económica, las personas optan por pequeños lujos asequibles que les hagan sentir bien, como un nuevo labial o ponerse ciegas de colorete (que de eso va el ‘blush blindness’), para darse un capricho sin afectar el presupuesto. Es como decir: ‘no me puedo permitir ese bolso de diseñador, pero mira lo mona que voy’.
Pero, ¡ojo! El mundo de la belleza es tan dinámico como una paleta de sombras en manos de un maquillador creativo. Recientemente, el protagonismo ha pasado de los labios a las mejillas con el fenómeno conocido como ‘blush blindness’ o ‘ceguera al rubor’. Este término describe la tendencia de aplicar tanto colorete que una pierde la noción de cuánto es suficiente, deviniendo en mejillas tan sonrojadas que podrían competir con un tomate maduro.
Tu propio esplendor te ciega, en resumen, y pierdes el criterio de dónde termina lo favorecedor para convertirse en otra cosa. Dismorfia de color. La cantante Sabrina Carpenter ha sido señalada como una de las musas de esta tendencia, con unas mejillas tan rosadas que han inspirado a muchas a sumarse al rubor sin medida.
Cuando vas tan ciega de colorete que pierdes el Oremus
Como viene sucediendo en la Era Moderna, las redes sociales han jugado un papel fundamental en la propagación de estas modas. Plataformas como TikTok e Instagram se han convertido en verdaderos escaparates de tendencias virales, donde las usuarias comparten sus experimentos con el maquillaje, desde el ‘Get Ready With Me’ hasta los hauls de productos recién adquiridos. Esta democratización de la belleza ha transformado el acto de maquillarse en una experiencia comunitaria y aspiracional, en la que el consumo se basa no solo en la funcionalidad, sino en la posibilidad de ser parte de una corriente global.
Además, la accesibilidad a los productos de belleza ha aumentado exponencialmente. Ya no es necesario acudir a tiendas especializadas. Ahora, desde el supermercado hasta tu tienda de ropa favorita, todos ofrecen líneas de cosméticos. Marcas de moda como Zara han lanzado sus propias colecciones de maquillaje y perfumes, facilitando que cualquier persona pueda darse ese pequeño lujo sin desviar demasiado su ruta de gastos habitual.
Sin embargo, es esencial recordar que, aunque el maquillaje puede ser (y es) una herramienta poderosa para elevar el ánimo y la confianza, la verdadera belleza reside en la autenticidad y el bienestar interior. Así que, ya sea que optes por ese labial que te hace sentir Beyoncé o unas mejillas sonrojadas al estilo ‘blush blindness’, lo importante es que te sientas cómoda y fiel a ti misma.
Y recuerda, en el arte del maquillaje, a veces menos es más… a menos que estés buscando parecerte a una obra de arte impresionista.